
Somos pasajeros
en el tren de la vida...
en el tren de la vida...

Cuando decidió abandonar aquel Amor
supo que debería pagar un precio por ello,
aún a sabiendas de que su corazón
se congelaría por la falta de pasión.
Ahora camina por las calles soleadas
con la mirada perdida entre los surcos del piso,
bajo un grueso abrigo,
esperando que los rayos del sol
le den un poco de calor…